Como cristianos debemos luchar para cuidar el premio de la eternidad, ese premio que ya por gracia nos ha sido dado. Pero para esto debemos despojarnos de todo peso que nos impida correr, especialmente el que tan fácilmente nos hace tropezar.
Para vivir esto en nuestra vida debemos aplicar nuestro mejor ejemplo a seguir “Jesús”, ya que todo el potencial Jesús está en el cristiano, tenemos el ADN de Jesús en nosotros. Pero hay algo que hoy esta impidiendo que en esta carrera el cristiano no sea triunfador y no sea capaz de vencer los obstáculos. Podemos ver que los complejos que envuelven la vida del ser humano no le permiten vivir la promesa que Dios nos da en su palabra “Jesús dijo: Mayores cosas que estas ustedes harán”, porque como Hijos suyos nos ha adoptado Dios, escogiéndonos desde antes de la fundación del mundo. Efesios 1:1-14
Entonces revisemos algunos complejos que no nos dejan vivir la mejor carrera que Dios tiene para nosotros.
- Complejo de inferioridad: Es un pecado que obstaculiza la bendición. Dios no ayuda a los perezosos y el complejo de inferioridad nos hace sentir en desventaja, es un contaminante pecaminoso que acrecienta la inseguridad llevándonos a vivir una vida de falta absoluta de fe. Es por esto que debemos pedir perdón a Dios, pues este complejo nos lleva a dejar de confiar en Dios.
Es importante tener en cuenta que el fracaso aumenta el complejo de inferioridad. Dios no tiene hijos preferidos, pero su no superamos los complejos no podremos ver la vida de bendición y prosperidad que Dios nos promete en su palabra.
- Complejo de culpa: Lo que vivimos en el pasado, nos condiciona en el presente, por eso debemos permitirnos ser sanados por el amor de Dios. Este complejo como el de inferioridad bloquea la fe, impidiendo que se desarrolle en nosotros, negándonos la bendición de ser instrumentos de Dios.
En la Biblia hay una historia clara de lo que produce el complejo de culpa y es la vida de Mefibosé nieto de Saúl, quien era parapléjico por el complejo de culpa por lo que hizo su padre Jonatan 2 Samuel 9:1-13.
Familia, el diablo huye de donde hay oración y fe. Volvámonos a una vida de oración y seamos el ejemplo de Dios para mostrar a los demás.
