El Fruto Que Dios Quiere Que Demos

Fruto

En los diferentes ejemplos de la Biblia relacionados con dar fruto, somos comparados con plantas que se reproducen por demasiados años como la uva o el olivo. Con esto Dios quiere que comprendamos que Él nos ama, nos cuida y quiere que demos un fruto duradero. Sin embargo, es importante que entendamos que para dar fruto solo hay una única manera. Para esto, es necesario que leamos y meditemos en la palabra de Dios Juan 15:1-6 “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden”.

Este versículo resume todo lo que debemos saber para tener una vida de fruto.

  1. Jesús es la vid verdadera
  2. Dios dice que somos su vid, y si permanecemos en el daremos fruto, de lo contrario lejos de El nada somos
  3. El padre es el labrador del huerto que somos nosotros.

Si como la rama entonces debe permanecer para dar fruto, nosotros como discípulos de Cristo debemos permanecer en comunión con Él para seguir siendo espiritualmente productivos. Un pámpano obtiene fuerza, alimento, protección y energía de la vid. Si se rompe, rápidamente muere y dejará de ser fructífero. Así mismo, cuando descuidamos nuestra vida espiritual, ignoramos la Palabra de Dios, tenemos una vida pobre en oración y evitamos que nuestras vidas sean examinadas por el Espíritu Santo, somos como un pámpano arrancado de la vid. Pero ¿qué debemos entonces hacer para tener una vida productiva?

  • Tener una relación íntima, viva y eficaz con Dios.
  • Entender que una rama que no produce fruto no está recibiendo el alimento correcto y será cortada.
  • Entender que la fe produce frutos espirituales, aquellos que son duraderos.

En Isaías 5:1-7, encontramos un claro ejemplo de cómo Dios nos ve como su hermoso huerto “Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres? Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella. Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor”.

Para concluir este tema, solo te invito a hacerte las siguientes preguntas:

  • ¿Qué fruto estas produciendo?
  • ¿Qué no has hecho por tu vina?
  • ¿Estás seguro de que debes ser una planta productiva?