La Biblia nos explica y exhorta sobre cómo manejar nuestras finanzas de manera correcta, pero lo más importante que Dios nos enseña es a ser sabios en el manejo del dinero, entendiendo que no está mal tener dinero o pedirle a Dios dinero, lo que está mal es poner nuestra mirada y corazón en el dinero y en las cosas materiales, el Señor dice que eso es idolatría. Debemos aprender a invertir el dinero de manera sabia, con la guía de la palabra de Dios y no malgastarlo.
Lo primero que debemos entender cuando hablamos de dinero o de bienes materiales, es que Dios es el dueño de todo, como claramente lo dice su palabra. Él es el dueño de todo lo creado y todo le pertenece; por eso nuestro corazón no debe estar puesto en el dinero o en las cosas materiales, sino en Él y así no limitamos su amor y provisión para con nosotros.
- ¿Para quién administramos el dinero en la tierra? (Hageo 2:8)
Teniendo en cuenta lo que dice la palabra de Dios, debemos disfrutar con agradecimiento todo lo que Dios nos da, pero no olvidando que somos solo mayordomos o administradores de Dios y nuestra responsabilidad es velar porque los bienes y las bendiciones de Dios se multipliquen.
- Honremos a Dios con nuestras finanzas (Proverbios 3:9-10)
Como buenos administradores del Señor debemos comprender que Él espera que nosotros le honremos, ofreciéndole lo mejor de los frutos de nuestro trabajo, esto trae bendición a nuestro hogar abriendo las puertas de la abundancia cuando somos fieles al dar buenos resultados con lo que Dios nos da.
- Al final recibiremos recompensa (Mateo: 22-23)
El buen administrador será recompensado aún en la eternidad, cuando tengamos que ir a rendir cuentas a su presencia. Recibiremos de Él mismo su reconocimiento y aprobación.
Debemos entonces, comprender que nuestro Papá Dios, quiere que vivamos una vida abundante en todos los aspectos, que nuestra familia disfrute de paz y bienestar aprovechando todos los recursos que la tierra ofrece para nuestra bendición. Sin embargo, tengamos en cuenta la exhortación que Dios nos hace de ser buenos administradores, aprendiendo principios del manual de vida que Él nos ha dejado para que podamos multiplicar los bienes que Dios ha puesto bajo nuestra responsabilidad y así seamos aprobados por Él en nuestra administración, de lo contrario Él como dueño de todo no podrá respaldar, proteger y prosperar los recursos que nos ha dado.
