Colosenses 1:9-10 “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios”
En este tema hablaremos un poco sobre la necesidad que tenemos de orar con inteligencia, de andar conforme a la dignidad de un Hijo de Dios, de conocer a Dios y de dar fruto e todo lo que hacemos.
En 2 Corintios 10:4-7 “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta. Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo”
A medida que vamos creciendo espiritualmente, empezamos a destruir las fortalezas y argumentos falsos que impiden el crecimiento espiritual que además le impiden a una persona que conozca realmente a Dios. Es necesario entender que el poder de Dios se manifiesta a través del poder de su palabra en nuestra oración, por esto debemos aprender a proclamar con nuestra bica la palabra de Dios.
Así como en la actualidad se construían fortalezas para protegerse de los enemigos, podemos comparar a las fortalezas que el hombre se crea como un mecanismo de falsa protección, ya que realmente eta construyendo una cárcel de la cual solo Dios podrá sacarlo. Estas fortalezas pueden ser mentiras, verdades, argumentos malos o buenos.
Si continuamos en nuestro crecimiento y madurez espiritual, destruiremos las fortalezas que se han construido en nuestra mente, descubriéndolas y sacándolas a la luz publica por medio de la oración, ya que estas nos hacen vivir una fe falsa.
